Se realiza el Taller de “Masculinidades, nuevas masculinidades” en el marco de la Iniciativa de Saemaul Undong.

El pasado 20 de diciembre de 2015 se realizó en Sacaba (Cochabamba), un taller de masculinidades organizado por Raquel Santelices, especialista en género del PNUD de la iniciativa Saemaul Undong (Movimiento de Nuevas Comunidades) para el desarrollo de capacidades locales en el desarrollo productivo, que incide también en el cambio de mentalidad en las comunidades. Al mismo, asistieron trabajadores de las alcaldías de los municipios de Tiquipaya y Sacaba y del PNUD en Cochabamba, constituyendo un grupo de carácter multidisciplinar, permitiendo tener un mayor alcance debido a la cantidad de áreas que estuvieron representadas.

El taller trató temas como la violencia de género, el machismo, la homosexualidad y la masculinidad. Asimismo, se constataron las diferencias de poder según el género ya que estas se observan en el deterioro de la salud física y mental de las mujeres y en el trauma de la violencia doméstica en Bolivia. La nueva Ley 348, Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia, establece mecanismos, medidas y políticas integrales de prevención, atención, protección y reparación a las mujeres en situación de violencia, así como la persecución y sanción a los agresores según el artículo 2. En base a esta ley, estos talleres son una forma de evitar casos de violencia, un mecanismo preventivo, y al mismo tiempo una manera de concientizar a los participantes.

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A lo largo del evento se constató que la identidad de cada persona se crea por la interacción con su entorno social y cultural y que durante el proceso de socialización, el niño interioriza las normas y valores propios de una sociedad básicamente patriarcal. Por ello, tal y como destaca Johonny Rodríguez, orientador del evento, “lo interesante de este proyecto es crear una nueva conciencia, el objetivo no es cambiar a las personas sino mejorar, darles herramientas para utilizar en su vida diaria y tener una convivencia más sana, sin violencia”.

Durante el proceso de socialización cuando el niño va conociendo lo que denominamos comportamiento “masculino”, se va determinando la forma de relacionamiento consigo mismo y con los demás por lo que las normas y valores adquiridos pueden verse distorsionados con el tiempo terminando en machismo, que no es más que una masculinidad desfasada junto con actitudes violentas, sentimientos de superioridad y prejuicios.

Uno de los problemas radica tal y como mostró el orientador del taller es que “la mayoría de los hombres que cometen este tipo de actos de violencia desconocen lo trabajado en los talleres y muchos piensan que es degradante y no les corresponde hacer trabajos de casa señala el orientador del taller”. Asimismo, cuando la familia se enfrenta a la pérdida del empleo en el seno de la misma se generan tensiones económicas, afectivas y de identidad.

La metodología utilizada en el taller fue participativa reflexionando y rescatando conceptos que ya existen en la conducta de cada uno para reformularlos y no dar una charla sobre lo que está bien o mal. Para Johonny Rodríguez la función que tienen ellos es orientar planteando otras formas de pensamiento; el mismo hecho de que uno mismo trabaje una idea, la piense, la analice y lo exponga ante sus compañeros ayuda a digerir estos conceptos y actitudes que pueden encontrarse distorsionados en nuestra mente.

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Para que se den cambios los hombres tienen que aprender que aunque las normas actuales parecen darles ventajas de poder también son esclavos de estereotipos y normas sociales que no los deja desarrollarse plenamente como personas. Una nueva masculinidad debería basarse también en aprender a expresar emociones y sentimiento, pedir ayuda o apoyo y en formarse y aceptar actitudes y comportamientos tradicionalmente considerados femeninos, necesarios para un desarrollo humano completo.

Por lo tanto estos talleres son en beneficio de tanto hombre como mujeres. En palabras del Instituto Vasco de la Mujer (EMAKUNDE), este tipo de grupos se convierten en espacios de encuentro, confianza e intimidad grupal para la visibilización, toma de conciencia y posterior deconstrucción del modelo de masculinidad sexista aprendido y aprehendido durante el proceso de socialización.

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